Violencia

En su último informe, la OMS denuncia que una cuarta parte de toda la población adulta ha sufrido maltrato físico en su infancia y un 6% lo ha sufrido en el último mes, una de cada cinco mujeres ha sufrido abusos sexuales en la infancia, y una de cada tres ha sido víctima de violencia física o sexual por parte de su pareja en algún momento de su vida.

¿El ser humano es violento por naturaleza? Evidentemente no. Agresividad no es lo mismo que violencia, aunque a veces, a nivel coloquial,  se confundan los términos l. La agresividad es una característica de todas las especies animales por la que el individuo o el grupo atacan y se defienden para proteger su vida, bienestar o perpetuación. En cambio en la violencia, hay conciencia de dañar al otro, es selectiva, recurrente y se incrementa con el paso del tiempo.

La violencia es multiforme, tiene diferentes manifestaciones: psicológica, física, simbólica, económica; se da en ámbitos diferentes: institucional, interpersonal, comunitaria, internacional; y afecta a diferentes colectivos: entre iguales, de género, generacionales, étnicas, intra e internacionales), etc.

Para aproximarnos a la comprensión la violencia, es necesario entender que ésta se origina a través de nuestra realidad vivida. Aceptamos o rechazamos conductas formando patrones de comportamiento social que pasan a formar parte de lo que somos.

Cada acto de violencia aparentemente individual se enmarca en un contexto social. Esto no significa que no existan actos de violencia individualmente patológicos, pero aún en ese caso, la forma como se manifiesta es comprensible sólo dentro de determinada experiencia y contexto sociocultural y económico.

Hablamos de violencia estructural, como aquella que se origina en nuestras instituciones y familias asignando jerarquías en función de la clase social, la raza, el sexo, la preferencia sexual, y la capacidad física (centros de trabajo donde el género masculino tiene privilegios que el femenino no posee; colegios donde no se identifican y sancionan abusos entre iguales, etc.).

Asimismo existe una violencia cultural, que son aquellos símbolos, valores y creencias arraigadas en las sociedades que perpetúan las relaciones desiguales, donde se tiende a disculpar la actitud del violento y responsabilizar a las víctimas o a las circunstancias, donde no tiene el mismo valor la vida o la muerte de un ciudadano europeo o africano, etc).

Asimismo existe una violencia institucionalizada que se disfraza de racionalismo económico y que amenaza con despidos de trabajadores de edad avanzada con cuyos salarios se cubren 3 salarios de trabajadores noveles, con jornadas interminables, con sueldos cada vez más precarios, etc.

Pedro Adrados Vázquez. 09/04/2018

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