Los conflictos en la pareja ¿cómo abordarlos?

¿Cómo afectan las discusiones a nuestra salud psicológica?
Discutir como manifestación de un conflicto entre personas, es un hecho normal y consustancial a la complejidad de la naturaleza del ser humano y sus relaciones sociales. Los conflictos pueden ser manifiestos o latentes, y el malestar o sufrimiento que provocan en los sujetos involucrados dependerá del grado de intensidad con el que se exprese conflicto y en cómo se viva este escenario. En muchas ocasiones al discutir nos acaloramos y decimos cosas fruto de ese estado emocional de excitación. Es habitual que después aparezcan sentimientos de frustración, impotencia, culpa, resentimiento, etc.

A nivel psicológico, ¿cómo nos quedamos después de una discusión? ¿Cómo repercute en nosotros psicológica y emocionalmente el haber discutido con alguien?
Con frecuencia, tras una discusión nos quedamos dolidos, tristes, con sensación de fracaso y desilusión, preocupados o con pensamientos recurrentes acerca de lo ocurrido. Recreamos una y otra vez la escena, cargándonos de razón unas veces e imaginando diferentes finales en otras.

Todo lo anterior impide que mentalmente podamos cerrar ese conflicto (aunque sea aplazarlo temporalmente), lo cual interfiere en nuestro equilibrio emocional y nuestras relaciones sociales.

¿Cuál sería en este sentido la diferencia entre discutir con nuestra pareja y hacerlo con otra persona?

En realidad, discutimos de la misma manera con un desconocido que con alguien que queremos, ya que en este tipo de situaciones ponemos en marcha un estilo personal de afrontamiento de los conflictos y esto está ligado a aspectos de nuestro pasado y personalidad.

El factor diferencial entre una y otra situación (ser querido-conocido/desconocido), estribaría en el conjunto de representaciones y supuestos de los que uno parte, cuando la discusión se da con alguien que uno quiere o conoce de forma más cercana. Las vivencias con ese ser querido, las representaciones que se tienen de él, la imagen y opinión que uno supone que él otro tiene de nosotros, juegan un papel muy importante en una discusión.

A pesar de todo, ¿es bueno discutir? 
Efectivamente expresar nuestras diferencias de pareceres, intereses o nuestros sentimientos es bueno porque:
• Estimula la asertividad, es decir, la capacidad de expresarnos legitimándonos en nuestra individualidad y respetando la alteridad del que tenemos enfrente.
• Aclara puntos de vista propios y del otro.
• Obliga a buscar nuevos enfoques, en este sentido fomenta creatividad.
• Si se maneja bien, refuerza el vínculo entre las personas en conflicto.

¿Cómo hay que abordar un conflicto en la pareja?
• Evitar estilos de comunicación agresivos.
• Respetar los tiempos y modos personales en los que cada uno se expresa.
• Buscar y respetar momentos para calmarse, si se eleva el tono de la discusión.
• Alejarse de posiciones yo gano- tu pierdes, y al revés.
• No esquivar asuntos espinosos.
• No almacenar sentimientos negativos.
• Buscar opciones de consenso entre los intereses y sentimientos propios y los del otro/a.

Algunas claves prácticas de cómo «discutir» correctamente (por decirlo de algún modo) o de cómo discutir sin alterarnos tanto y sin que repercuta después en nuestra salud y en nuestro estado de ánimo
• Escuchar para comprender, no escuchar para rebatir.
• Escuchar desde posiciones con ciertos grados de incertidumbre acerca de lo opinado, no desde una autoafirmación y certeza constante.
• Escuchar desde perspectivas con escalas de grises, no desde perspectivas absolutas (blanco o negro).
• Escuchar empáticamente, lo que significa interesarse por el estado emocional de la persona que tenemos delante y captar su vivencia personal del conflicto.
• Crear el ambiente adecuado para abordaje del conflicto.
• Acordar reglas de discusión (no interrumpir, respeto y orden, etc.).
• Introducir alguna estrategia como la inversión de roles, para generar descentramientos y cambiar marcos de referencia y de vivencia emocional.
• Generar varias opciones, evaluando cada alternativa y discutiéndola hasta llegar a un acuerdo satisfactorio para ambas partes.
• Tomar decisiones de formar consensuada y coherente con el acuerdo alcanzado.
• Poner en marcha actuaciones personales ligadas a dicho acuerdo.

 

Pedro Adrados Vázquez

Psicólogo clínico

www.arturosoriapsicologos.com

 

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