La mujer ejerce como cuidadora no remunerada en el 89% de los casos en España

Los cuidados de personas dependientes (por edad o por discapacidad), son objeto central de debate en las políticas de bienestar actualmente, sobre todo por el creciente aumento de la demanda de estos cuidados y la incierta disponibilidad futura de los cuidadores.

El concepto de ‘cuidados informales’ se ha desarrollado en los últimos años en torno a la idea de trabajo que se da en la esfera de lo privado / doméstico, con falta clara de reconocimiento social, prestado en torno a unas relaciones afectivas y de parentesco y que es realizado mayoritariamente por mujeres como parte de su rol de género.

Revisando los datos disponibles en España y en los países de nuestro entorno, se pone de manifiesto el claro predominio de las mujeres como cuidadoras informales (feminización del cuidado). En concreto según el estudio CuidadorES, de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) y la Fundación Envejecimiento y Salud, el 89% son mujeres.

En este sentido el perfil predominante del cuidador es el de una mujer de mediana edad, en torno a los 55 años, que realiza labores de ama de casa, normalmente casada y que además del cuidado de su familia, es la responsable de la atención de una persona dependiente con la que tiene le une una relación de hija (50%) o esposa o compañera (12%).

No obstante, las tendencias sociodemográficas y de salud apuntan que el número de cuidadores varones se incrementará sustancialmente en el futuro, en relación con la disminución del número de potenciales cuidadores (reducción del tamaño de las familias), con la creciente incorporación de la mujer al mundo laboral y con el cambio en los roles de género.

Los varones, a diferencia de las mujeres, se ocupan del cuidado del cónyuge sólo cuando no hay mujeres en el entorno que puedan hacerse cargo del mismo. Por este motivo, los varones constituyen el grupo de más edad entre los cuidadores. Además los cuidadores tienden a sufrir un nivel de estrés menor que las cuidadoras, entre otros motivos porque aquéllos suelen ocupar un papel de cuidador secundario, disponen de más recursos económicos y suelen recibir más reconocimiento y apoyo social que ellas (la sociedad es más proclive a ayudar a un cuidador que a una cuidadora).

Si nos centramos en las consecuencias negativas de esta actividad sobre los cuidadores, hablamos de: repercusiones económicas, laborales y del uso del tiempo propio. Además obviamente de las repercusiones sobre la salud, sobre todo en el área psicológica. No es difícil darse cuenta que estos efectos son mucho más amplios que los derivados de la suma de las horas dedicadas a ello. Abarca por ejemplo: gastos extras, no disponer de tiempo propio, falta de intimidad, vida social afectada, consecuencias laborales, dificultades para compatibilizarlo con otras responsabilidades, cambios de domicilio, consecuencias en la salud, etc.

En el área psicológica aparece sobre todo sobrecarga, entendida como la percepción que tiene el cuidador acerca del modo en que su labor tiene un impacto en diferentes aspectos de su vida. Y ésto se define en términos objetivos (los anteriormente citados) y subjetivos, que tienen que ver con la respuesta emocional de la experiencia de cuidar. En este sentido la sobrecarga actúa como estresor. Desde este marco, el cuidador se enfrenta a una serie de factores estresantes, existiendo varios mediadores que podrían influir en la respuesta final, como por ejemplo: la forma en que se valora la situación, los recursos disponibles, y el apoyo social.

Otros cuadros sintomatológicos que pueden aparecer son: apatía y bajo estado de ánimo, trastornos de angustia, soledad, sentimientos de culpa, irritación y rabia, etc. Todo lo anterior hace que actualmente se hable de un ‘síndrome del cuidador’.

El tipo de discapacidad o dependencia de la persona objeto de cuidados informales, también va a afectar a todo lo anterior. Cuidadores de personas con discapacidades neurovegetativas, son susceptibles de sufrir mayor comorbilidad psicológica.

Para finalizar algunas ideas que pueden ayudar para prevenir o rebajar la sintomatología de los cuadros psicológicos anteriores:
• Mantenerse informado, ayuda a tomar decisiones sobre salud más fundadas y a entender mejor cualquier desafío que tenga que afrontar su familia.
• Buscar apoyo, en los demás miembros de la familia y amigos, los cuáles pueden brindar apoyo de diversas maneras. Inscribirse en un grupo de apoyo local o por Internet, etc
• Identificar los objetivos, en función de lo que cuidador y persona objeto de cuidado puedan realmente hacer (criterios de realidad objetiva).
• Autocuidados del cuidador, haciendo lo posible por mantener sus intereses personales, pasatiempos y amistades, familia etc. La clave es mantener un equilibrio entre ambas esferas y aceptar nuestras limitaciones.

Ejemplos concretos: delegar algunos cuidados a personas confiables; tomarse descansos, no ignorar los signos o síntomas de enfermedad: en este caso consultar al médico, recurrir a asociaciones e instituciones de referencia, hacer ejercicio y mantener una alimentación saludable, etc.

 

Pedro Adrados Vázquez

Arturo Soria Psicólogos

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