Depresión masculina

 

Hace ya bastantes años desde la psicopatología, se sabe que la clínica del varón tiene unas características propias en sus criterios diagnósticos, clasificación y tratamiento. 

En contreto, a nivel sintomatólogico, la  depresión masculina está caracterizada por:

  • Irritabilidad, ira y hostilidad.
  • Ansiedad.
  • Cambios bruscos de humor.
  • Alteraciones del sueño.
  • Consumo de drogas y alcohol.
  • Ludopatías.
  • Problemas en el trabajo, o lo contrario, excesiva focalización laboral.

Un hombre deprimido se refugia en el trabajo, bebe al levantarse, conduce peligrosamente, teme perder el control, escucha melodías «sensibleras», pero dice que no le pasa nada. Si muestra su depresión de modo «huraño» predomina su aislamiento silencioso, y quienes lo rodean lo definen como siempre preocupado, enmudecido, que no acepta que le digan nada. Si muestra su depresión de  modo «agitado» predomina en él la irritabilidad, la explosividad y la amargura, y quienes lo rodean lo describen como si fuera un animal enjaulado, hipersusceptible, hiperactivo e inaguantable por sus exigencias.

Los varones manifiestan su malestar comportándose deacuerdo a los guiones prescritos por el modelo masculino hegemónico de nuestra sociedad: la acción, el ocultamiento emocional, la ira como emoción validada y la negación de la debilidad. Así, la sintomatología de aislamiento, irritabilidad o de evitación del malestar son evidentes.

Los estudios epidemiológicos de depresión muestran un índice diferencial de 2 a 1, de la mujer respecto al varón. Estudios recientes afirman que existe predisposición en la mujer a la depresión (en su ‘versión clásica’) debida a factores genéticos, anatomía cerebral, cambios hormonales, infertilidad, etc. Esta predisposición puede explicarse también desde la normativa genérica, que en el caso de las mujeres tiene que ver con el papel de ama de casa, sumisa y cuidadora de los demás pero no de sí misma, lo que obstaculiza su propio desarrollo; con la doble jornada laboral (casa y trabajo fuera); con la  postergación y/o frustración de su deseos, proyectos y necesidades; con la deslegitimización social en la expresión de la ira, etc.

No obstante, los números de esas estadísticas cambiarían si los criterios diagnósticos contemplaran otras expresiones de los síntomas, haciéndose eco de la realidad social y cultural en la que se inscriben los trastornos depresivos.

En Estados Unidos, el Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH) estima que aproximadamente 6 millones varones norteamericanos  sufren depresión al año. En el año 2003, el NIMH lanzó una campaña denominada “Real Men, Real Depression” (Hombres reales, depresión real”), con la que intentaba reducir el estigma profundamente asentado entre los varones no mostrar sentimientos de debilidad, no pedir ayuda,  aislamiento ante el propio malestar, etc. Esta campaña, que utiliza los testimonios de varones que sufren depresión (incluyendo el de un bombero sobreviviente de los atentados del 11-S), ha sido seguida en 34 millones de varones.

Otro tema importante es el hecho de que, al no ser diagnosticada, la depresión masculina se hace patente a través de sus  consecuencias:

  • Suicidio (cada tres suicidios consumados, dos son de varones)
  • Intoxicación por drogas o alcohol.
  • Conductas de riesgo, accidentes de circulación.

Es necesario por tanto, un esfuerzo para desenmascarar y visibilizar la depresión en varones, a través de campañas de concienciación, (como la que hemos visto que se lleva a cabo en EEUU), que apunten no sólo a los propios varones deprimidos, sino también a la intervención de los diferentes Servicios de Salud, (Atención Primaria, Urgencias, Salud Laboral) para que estén sensibilizados ante esta ‘otra cara de la depresión’.

Igualmente, con unos criterios diagnósticos más abiertos y ajustados socialmente, sería posible trabajar más adecuadamente no sólo en intervención sanitaria sino también en prevención. Esto último significa desmontar los guiones de comportamientos prefijados que mantienen al varón en la doble trampa de ‘demostrar pero no mostrar’.

Por tanto,  los profesionales que nos dedicamos a la Salud y concretamente a los malestares psicológicos, tendríamos que tomar conciencia de que el hecho de ‘enfermar’  varía si se trata de una mujer o de un varón.  Para ello resulta crucial:

  • revisar los criterios y categorías diagnósticas tradicionales.
  • entender los síntomas del/ la consultante como expresión de un malestar dentro de un contexto social, cultural, histórico, familiar y de género.
  • reconocer los efectos psicológicos de la socialización diferencial para varones y mujeres, y de las diferencias de status y de jerarquía en el mundo social.
  • comprender la manera en que se produce la articulación entre la experiencia personal de vida y las prescripciones, condicionamientos y mandatos sociales sobre el género.

TABLA DE EXPRESIÓN DIFERENCIAL DE SINTOMAS DEPRESIVOS EN MUJERES Y HOMBRES

Depresión en mujeres Depresión en hombres
Se culpan ellas mismas. Culpan a otr@s.
Se sienten tristes apáticas y poco valiosas. Se sienten irritables y con bruscos cambios de humor.
Se sienten nerviosas y asustadas. Se sienten susceptibles e intimidados.
Evitan los conflictos. Buscan y crean conflictos.
Tratan de agradar. Se muestran hostiles.
No atacan cuando se sienten heridas. Atacan cuando se sienten heridos.
Tienen problemas con el autorespeto. Exigen respeto el del otr@.
Sienten que nacieron para sufrir. Sienten que el mundo les hace sufrir.
Duermen mucho. Duermen muy poco.
Tienen problemas para fijar los límites. Imponen los límites.
Se sienten culpables al fallar. Sienten vergüenza al fallar.
Se sienten incómodas al recibir halagos. Se sienten frustrados si no reciben halagos.
Hablan con relativa facilidad de su  tristeza y dudas. Se sienten aterrados acerca de sus sentimientos de debilidad y duda.
Sienten gran miedo al éxito. Muestran gran miedo al fracaso.
Siendo sumisas se sienten a salvo. Sólo imponiendo se sienten seguros.
Utilizan la comida, los amigos y el cariño como recursos de afrontamiento. Utilizan la TV, el juego, el alcohol y las drogas, el sexo, los deportes de riesgo, como recursos de afrontamiento.
Creen que sus problemas se solucionarían si fueran mejores esposas, parejas, amigas, compañeras, etc. Creen que sus problemas se solucionarían si sus esposas, parejas, amigas, compañeras, etc.,  fueran mejores.
Constantemente se preguntan: “¿Soy deseable?”, “¿Soy digna de él?”. Constantemente se preguntan: “¿Me quiere lo suficiente?”

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