Cómo manejar los resultados académicos de nuestros hijos

Cada año a estas alturas, termina el curso escolar y llegan las, a veces, tan temidas notas de final de curso.

Muchos padres se preguntan cómo manejar este tema y cómo deben relacionarse con sus hijo/as en esos momentos. Momentos en lo que pueden surgir conflictos, como los casos en los que las notas no son buenas o no todo lo buenas que se esperaba, o aquéllos en los que la actitud o progreso académico de nuestro hijo no ha presentado la evolución esperada.

Y éste no es un asunto trivial, ya que la manera en que los padres reaccionan ante las calificaciones de su hijo/a puede afectar su motivación, autoestima, sensación de control sobre su aprendizaje y evolución y actitud ante el estudio.

En general, la regla básica es reaccionar con empatía. No siempre es fácil, pero cuando nos mostramos empáticos con nuestros hijo/as, en realidad les estamos diciendo que les entendemos y que respetamos sus necesidades. Esto es fundamental, ya que les estamos ayudando a reforzar su autoestima y motivación, además de que tengan confianza en nosotros. Empatizar no significa consentir o ceder a sus caprichos, significa tomar en consideración sus sentimientos y dificultades a la hora de ayudarles. Es decir, el foco se pone en tratar entender lo que nuestro hijo/a necesita, en lugar de ponerlo sobre lo que pensamos que él necesita.

Casi siempre hay indicios previos acerca de lo que posteriormente sobreviene. En general nuestros hijo/as expresan señales, muchas veces de manera no verbal, sobre cómo se sienten o con qué están teniendo problemas. Es importante estar alerta ante esas señales. No obstante, es igualmente importante preguntarles directamente cómo se sienten, qué les pasa y qué necesitan. Darles la oportunidad de que se expresen, les convierte en participantes activos en su propio desarrollo y aprendizaje.

Luego hay pequeños trucos para reaccionar ante determinadas circunstancias.

Por ejemplo si los resultados han sido dispares y no ha habido una mejoría general, una buena forma de reaccionar sería “Lo has hecho bien en estas asignaturas ¿qué crees que fue lo que te ayudó a mejorar? ¿Crees que las mismas estrategias también pueden serte útiles en estas otras asignaturas?”, en lugar de “Yo esperaba ver más mejoría o mejores notas”. Es importante recordar que cualquier mejoría es progreso, y que incluso mejorar un poco puede requerir mucho esfuerzo. Reconocérselo les refuerza, y hacerles el anterior planteamiento les ofrece la oportunidad para hablar sobre lo que está funcionando y lo que no.

Es importante que los padres se planteen antes de emitir ningún juicio, qué consideran una “mejoría” en el caso concreto de su hijo/a. Las expectativas siempre tienen que estar sujetas a la particularidad de cada individuo (dificultades, puntos fuertes, necesidades, etc.), y en base a esto, se podrá clarificar objetivos y plan para lograrlo (conjuntamente con el hijo y tutor).

En el caso de que las notas no sean buenas, en lugar de reaccionar de forma instantánea y abrupta, se debe mantener la calma y aplazar la respuesta, para reaccionar posteriormente de forma serena y equilibrada. En la línea de: “Necesito tiempo para pensar lo que quiero decirte. Hablaremos de esto mañana”.

Igualmente cuando los resultados son positivos hay que evitar comentarios del tipo: “¡Sabía que si te esforzabas más mejorarías!”, ya que “esforzarse más” puede que no sea la variable principal de su evolución, sobre todo si son chico/as con dificultades de aprendizaje o atención. En su lugar serían aconsejables comentarios del tipo: “¡Muy bien! Parece que usar nuevas estrategias te ha permitido obtener buenos resultados”.

En este sentido cabe recordar que en muchas ocasiones, las calificaciones no son la medida del progreso, sino que pueden serlo el esfuerzo o la actitud. Además conforme crecen, las expectativas de aprendizaje cambian y puede ser más difícil lograrlas en algunas materias.

En este caso es más productivo comentarios del tipo “¡Tus calificaciones en matemáticas y ciencias son muy buenas! Pero estoy un poco decepcionado con las calificaciones de otras materias. ¿Cuál es la diferencia con esas asignaturas?”. Hablar con nuestros hijo/as sobre los cambios que podrían ayudarle, o pedir cita con su tutor, es muy recomendable. Si tiene edad suficiente, se le puede sugerir que hable con su profesor sobre estrategias que podrían ayudarle a mejorar.

En general, los padres debemos aprender a manejar la frustración, la contrariedad o la decepción que nos puedan suscitar este tipo de situaciones, y no pasarlas a la acción a través de castigos poco ponderados y actuaciones exageradas. En esta línea hay que evitar reacciones del tipo: “¡Te has quedado sin el móvil hasta que mejores!”. Esto es un castigo que conlleva demasiado tiempo hasta que nuestro hijo/a pueda demostrarnos que ha mejorado, y sería poco efectivo. Una forma mejor de abordarlo podría ser: “No puedes cambiar tus calificaciones de momento pero puedes cambiar tu actitud hacia el estudio. No usarás tu móvil hasta que termines y revises tu tarea todos los días”.

Pedro A.

Psicólogo clínico

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